Cada temporada es buena para planear un viaje a Roma, todo depende de cual clima os apetezca más.
De primavera y de otoño el clima es lo ideal para pasear entre los monumentos, las iglesias, las plazas, con días de sol, pero no demasiado calor, para quedarse también a tomar un buen café e uno cualquiera de los muchos bares de la capital, respirando su pasado.
En julio y agosto suele hacer mucho calor y, sobre todo para los que no lo aguantan bien, no es la temporada mejor para descubrir la ciudad. También es verdad que la mayoría de los romanos se van al mar o a la montaña, y con eso el tráfico disminuye y Roma es más tranquila y agradable.
Desde diciembre hasta febrero, las temperaturas bajan bastante, pero equipados con gorro y bufanda, podéis seguir visitando las ruinas de Roma, incluso pasar una nochevieja de ensueño en la capital más encantadora del mundo.
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