Roma, la ciudad eterna, caput mundi, la capital de la historia de Mediterráneo, donde cada año llegan milliones de turistas extranjeros de todo el mundo.
Roma es una ciudad que hay que explorar. Empezando por el Coliseum, a lo largo de los Foros Imperiales, hasta Piazza Venezia. Comer un buen plato de pasta y luego ir hacia Piazza Navona, sin olvidar de tirar una moneda en la Fontana di Trevi, la famosa fuente en donde Marcello Mastrianni se bañaba junto con la bella Anita Ekberg en la Dolce Vita, película de Fellini.
Unas fotos al escalón de Piazza di Spagna (de España) y un paseo hasta Piazza del Popolo, donde la perspectiva barroca llega a su culmen. El encanto de Roma se encuentra también en la enorme cúpula de la Basílica di San Pietro, las siete collinas, las tradiciones para turistas, como la boca de la verdad, entre mito y leyenda, hasta las luces de la fiesta del barrio Trastevere.
La cosa más increible de Roma es que mientras encanta con su atmosfera, cuatro metros bajo tierra existe otra ciudad subterránea, y otras capas de pasado más en profundidad. Por ejemplo San Pietro surge encima de una antigua basílica del siglo IV, y Piazza Navona es construida encima del estadio del imperator Domiziano.
Se dice "Roma, una vida no es suficiente", y es cierto: parece que Roma no acabe nunca. Hay tantas cosas para ver y hacer que igual merece la pena dejarse algún monumento para tomar un aperitivo o un helado en Campo dei Fiori.
Lo bonito de Roma es que en cada rincón el pasado se mezcla al presente, las ruinas del imperio no son prisoneras de los museos. Los romanos están acostumbrados a ir de compras y al trabajo sin hacer caso a columnas y esculturas, para ellos es una dimensión natural, pero es curioso para todos los demás.
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